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Leonardo Padura se inició como periodista, actividad que ejerció hasta mediada la década de los noventa. En mil novecientos ochenta y ocho publicó la novela Fiebre de caballos, y tres años después iniciaría la serie negra dedicada al detective Mario Conde, compaginada con novelas donde éste no es el protagonista o donde se aleja de la novela policiaca. La serie Mario Conde cuenta, de momento, con diez títulos aparecidos entre mil novecientos noventa y uno y dos mil veintidós. Los cuatro primeros de la serie forman la denominada Tetralogía de las estaciones, que fue llevada a la televisión con el título de Cuatro estaciones en la Habana, de la que Padura fue también guionista. Ha recibido, entre muchos otros, el premio Café Gijón, el Hammet (en dos ocasiones), el premio Raymond Chandler y el Princesa de Asturias de las Letras.

Personas decentes es la última novela aparecida, con Mario Conde como coprotagonista. Y digo coprotagonista porque Personas decentes son dos novelas en una. El ex-policía Conde, también vendedor de libros de viejo y detective a ratos pedidos, siempre ha deseado ser escritor, y una de las dos tramas de Personas decentes es esa novela que siempre quiso escribir, la cual se solapa, capítulo a capítulo, con la investigación que le encargan.

Un antiguo funcionario cubano que ha ejercido como censor es asesinado y castrado. Su casa está repleta de las obras con las que se hizo tras denostar y arruinar a artistas cubanas, en la primera etapa de la revolución. Al poco aparece, también muerto e igualmente castrado, el yerno del primero. En ese momento la policía está desbordada por la visita que en dos mil dieciocho efectúa el expresidente Obama a Cuba, y por el concierto que posteriormente darán los Rolling en La Habana. Conde se ha colocado como vigilante en un local de ocio para gente de alto standing y turistas norteamericanos, pero aceptará el encargo que le hace la policía de investigar ambas muertes.

Paralelamente se relatan las andanzas de un novato policía cubano durante la primera década del siglo veinte, que ha de investigar el asesinato de dos prostitutas. En esas andanzas conocerá a un joven proxeneta de alto nivel, que ejercerá elevadas influencias en la vida social y política del momento. Con la particularidad de que éste no es un personaje de la invención de Padura, sino que realmente existió y tuvo el final que narra el autor.

Mario Conde es un tipo desilusionado de la revolución y descreído de la raza humana, un hombre que abandonó tempranamente la policía y que vive al día, al que lo único que le importa realmente sus amigos y su pareja. Con él, Padura ofrece una desgarradora visión de la Cuba de la revolución y de la que prosiguió a la caída de la Unión Soviética.

Personas decentes es una magnífica novela, como todas las de la misma serie. Y es pura literatura.