Empezamos septiembre. El verano oficial entra en su recta final y a mi me pilla cigarreando. Hace décadas que empecé a dejar de creer, pero ahora estoy experimentando con el budismo. No es que tenga necesidad de ser algo o de pertenecer a alguna corriente: simplemente siento curiosidad. También estoy repasando lecturas ya vistas años atrás, y me doy cuenta de que con el tiempo no solo cambian los sabores, sino muchas otras formas de percepción.

Me preparo para el otoño. Dentro de poco barreré mi rincón de escribir y le quitaré el polvo a mi sitio de trabajo; incluso deberé desenredar alguna telaraña. Mientras tanto oigo música, camino, tomo el sol, me baño en el mar y echo de menos a mis amigos ficticios y literarios. ¿Qué habrá sido de ellos?