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Los créditos de Citizen X dicen que el film es un true crime, y nada es más cercano a la realidad. En los primeros ochenta la Milicia (así se denominaba la policía soviética y después rusa hasta su reforma en dos mil once, cuando pasó a denominarse Policía de Rusia) contaba con Viktor Burakov, un oficial forense. El caso que narra el film que hoy traigo trata de la investigación que llevó a cabo hasta descubrir al primer asesino en serie, al menos oficialmente, de la extinta URSS.

Robert Cullen es un escritor polifacético, autor de cincuenta y cuatro obras entre las que se cuenta The Killer Department, en la que se basó el film dirigido por Chris Gerolmo y estrenado en mil novecientos noventa y cinco, un año después de su publicación. Cullen participó en el guion, junto al director. Fue interpretado en sus papeles principales por Stephen Rea, Jeffrey Demunn y Donald Sutherland, además de tres actores de la talla de Max Von Sydow, John Wood y Joss Ackland, entre otros.

En mil novecientos ochenta y dos, en la etapa aún de Breznev, se descubre en un bosque el cuerpo de una niña asesinada. La tenacidad del forense fuerza a la policía a esforzarse y llegan a aparecer siete cadáveres que datan de finales de los años setenta. Se inicia la investigación y se encomienda el caso al forense, que pasa a ser un investigador. Pero las trabas que le ponen el comité que supervisa el caso -formado por el alcalde, la KGB y el partido comunista- son opresivas. Por fortuna, su jefe inmediato le apoya, lo que no impide que la investigación se haga por momentos agónica y se prolongue hasta principios de los noventa, cuando la URSS se desploma.

El film recrea magistralmente el ambiente opresivo y corrupto del régimen soviético y también la época. Choca -y enerva- ver cómo la conveniencia política prima sobre el interés de la investigación criminal. También es edificante ver los entresijos del poder en aquella parte del mundo y el modo en que se entretejían las relaciones en el seno del sistema burocratizado del país; que ha de verse sin olvidar que, por desgracia, «en todos sitios cuecen habas»,

Un film muy muy muy digno de ver, como cine negro y como documento histórico.